viernes, 28 de marzo de 2014

La Primavera


Cuando  era niña, la primera noticia que tenía de que había llegado la primavera era mi cumpleaños y esas pequeñas margaritas que crecían en el césped. Me sentía feliz arrancando sólo una. La verdad es que no arrancaba más porque me daba pena matarlas pero es única era una concesión que me hacia. Luego venían los primeros helados de los Italianos. Todo un ceremonial para los niños de mi época, en la que ser la primera en probarlos, se convertía en un honor.

Las fantásticas cigüeñas poblaban las torres más altas y verlas sobrevolar el poco cielo, que entonces tenía la ciudad, era una experiencia única

Con el tiempo me fui a vivir por motivos laborales al Pirineo  y la llegada de las golondrinas era un grito de esperanza hacia el buen tiempo.

Las golondrinas siempre me ha traído a la mente  el cuento de Happy Prince  y he de reconocer que son algo nostálgicas y siguiendo al hilo de lo literario, Bécquer también ha contribuido a hacerlas románticas.

Recuerdo que tenía a mis pequeños alumnos inquietos buscando ver la primera, para gritar:” ¡Ya están, ya las he visto!¡ Las golondrinas, las golondrinas! ¡Ya está aquí la primavera!

Entonces los mayores del pueblo me contaron que así se llamaban a las chicas que  en el invierno marchaban a trabajar a Francia y volvían con la primavera para ayudar en la labranza.

¡Qué bonito nombre para esas trabajadoras! Supongo que alguna de ellas también se acercaría a Zaragoza a trabajar de criada, pero seguramente no regresaría a su añorado pueblo nunca  más.

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