Siempre ha sido mi mes preferido y a pesar de los pesares sigue siéndolo.
Tal vez porque soy una liebre de marzo. Porque mi muerte y mi vida están tan vinculadas a este mes ventoso y cambiante.
Deambulo por la vida buscando cosas y marzo es el mes en el que mi alma esta más abierta. No sé porque.
La dulce lluvia cae a raudales y me conforta.
Hace unos días al volver a casa vi un gato que se aproximaba a la puerta de un lugar de alterne, muy discreto que se encuentra cerca de donde vivo. Me entró curiosidad por saber, cual era la causa de que, el callejero atigrado, se acercase osadamente a la puerta . Iba y volvía con mucha precaución.
En un minuto estuve cerca y observe como de una de las chicas le daba un pedacito de jamón mientras lo llamaba. Sentí ternura por aquello. Dos seres solitarios que se encontraban. El tabby con miedo y ella con compasión por un gato callejero. Hablé unos segundos con ella comentando lo miedosos que son los gatos.
Luego pensé que es bueno ser un gato, los gatos jamás tiene prejuicios.
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